miércoles, 28 de diciembre de 2011
Apoyada sobre el árbol de aquel parque, terminó de leer el libro que tenía entre las manos. Se echó en el campo y empezó a imaginar, ¿Cuál sería su respuesta si se le presentase el genio y le concediera únicamente un deseo? Al momento se le vino una respuesta a la cabeza, pero no le valía, no, ¡No podía pedir su regreso!, ella sabía que lo que no funcionó una vez nunca lo haría...
Siguió pensando hasta el anochecer, perdió la noción del tiempo. Cuando se dio cuenta se levantó y se dirigió a su casa, sin dejar de pensar en el tema que la acompañó durante más de la mitad de la noche, hasta que encontró la respuesta:
Pediría encontrar ese medio que justificara sus fines, que fuera capaz de dar sentido a su vida, que ultimamente había perdido el rumbo;
Pediría ese defecto capaz de convertirse en perfecto al escapar en la medida exacta de la virtud, ya que ella siempre tubo claro que no le gustaban las cosas perfección, por lo menos, de la forma en que la consideraba el resto del mundo;
Pediría esos pequeños detalles, que por sí solos carecen de valor pero al juntarlos forman un todo fundamental que le aportaría la felicidad tan ansiada;
Pediría aquello que de vez en cuando le diera quebraderos de cabeza, ya que no soportaba la rutina que supone cuando todo marcha bien, y así, cuando se resolvieran los problemas, valorar más el deseo que le había sido concedido y sentirse de nuevo afortunada.
Fue entonces cuando se le presentó otra pregunta ¿Como pedir todo eso, si solo se le podría conceder UN deseo? Llegó a la conclusión de que, definitivamente, su regreso, es lo que debía pedir, él era lo único capaz de proporcionarle todo lo anterior.
Pero los genios no existen, o igual sí, pero ella no conocía a ninguno. Lo único que existía era su deseo a la espera de verse concedido
lunes, 26 de diciembre de 2011
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